WARTBURG, Walther von (19712):
La fragmentación lingüística
de la Romania (versión española del original alemán Die Ausgliederung der romanischen
Sprachräume). Madrid: Gredos, 208 pp. (Biblioteca románica
hispánica. Tratados y monografías, 1).
Este libro es
uno de los muchos trabajos de una de las personalidades más destacadas de la
romanística, el suizo Walther von Wartburg, impulsor y director del diccionario
etimológico de referencia para el ámbito galorrománico, el Französisches Etymologisches Wörterbuch (FEW, 1928-2003). De hecho,
esta edición española se basa en la versión francesa que hizo el mismo autor en
1967, a la cual se añadieron nuevos datos sobre el franco-provenzal (p. 8) (1) .
La presente obra
se divide en tres capítulos, sin contar la introducción (pp. 9-12) y las
conclusiones (pp. 189-193). Sin embargo, y a medida que se va leyendo, uno se
da cuenta de que, esencialmente, este libro consta de dos partes bien
diferenciadas: en la primera se incluirían los capítulos II y III, Diferenciaciones regionales antiguas
dentro del espacio lingüístico latino (pp. 13-28) y La fragmentación de la unidad latina
(pp. 29-76) respectivamente, mientras que la segunda correspondería al capítulo
IV, La huella de la invasión
germánica (pp. 77-188). La reseña se ha realizado siguiendo esta
bipartición.
Los capítulos II
y III (vid. supra) tratan la
diferenciación del latín a partir de la acción del sustrato (2) y de la
diversidad diastrática de la lengua. En cuanto al primero de estos aspectos,
hay que decir que es el más extenso de los dos. Este abarca desde fenómenos muy
limitados geográficamente, como por ejemplo la articulación cacuminal de -LL-
en la Italia meridional (pp. 13-14), o la famosa aspiración de las oclusivas
sordas en la Toscana —hecho que se debe, seguramente, al sustrato etrusco— (pp.
14-16), pasando por otra aspiración, la de f- en la zona de frontera con el
dominio vasco (pp. 17-21), hasta fenómenos de más envergadura, como la
evolución del grupo consonántico -CT- (pp. 45-47) o la palatalización de Ū >
[y] en la Galia, la Italia septentrional y parte de la Retia (pp. 47-63). Este
último es un caso de gran complejidad, tanto en lo que respecta a su origen y
evolución, como a su extensión. Los conceptos que se presentan en la página 47
tienen como objetivo el rebatir la teoría sobre la remota antigüedad de este
fenómeno y su origen galo (3).
Los argumentos del profesor Wartburg son los siguientes: a partir de un
franco-oriental meveür
(< MATŪRU), tenemos que deducir un grado intermedio *MEVUR, con v antihiática, a
consecuencia de la caída de -t-,
para la que solo hay una explicación posible y es la pronunciación labiovelar
de u; el
impedimento de la palatalización de ū ante nasal, hecho que se encuentra,
esporádicamente, en casi todo el dominio galorrománico. Tal y como demuestra la
toponimia de la región: derivados de DŪNUM, Averdon
< EBURODŪNUM o Brancion
< BRACEDŪNUM (p. 50) (4); esta palatalización se habría originado en la
Galia y, posteriormente, se exportó a otras regiones, como la Italia
septentrional (p. 54). Es decir, que la cronología de este cambio no es la
misma para todos los territorios que comparten este fonema (5). Respecto al
segundo de los aspectos mencionados al inicio del párrafo, cabe destacar que se
limita, básicamente, a las páginas 29-41. Aquí se da respuesta a la cuestión de
la pérdida de -s
en la Romania oriental y la conservación de la misma en el Occidente románico.
Según el autor, esto se debe a una pronunciación, ya fechada en época arcaica,
que se mantuvo en las clases más bajas de la sociedad romana, como por ejemplo
las del mundo rural. Mientras tanto, y bajo la presión de la escuela, las
clases más altas reincorporaron esta s
en posición final y la exportaron a las nuevas regiones conquistadas por Roma
(6). Wartburg difiere con la teoría, expuesta por Mohl, de que el mantenimiento
de -s se debe al
influjo galo, dado que las lenguas célticas —y por tanto, también el galo—
habían perdido esta consonante final en el siglo VI (p. 32). Es interesante la
explicación que da sobre los plurales en las lenguas de la Romania oriental
(pp. 30-31) ya que, hoy día, aún es motivo de debate en el seno de la
romanística. Para nuestro autor, estos plurales son los herederos del antiguo
nominativo plural latino (LUPI > lupi,
CAPRAE > capre),
formas que se tomaron después de que el acusativo singular y el plural se
confundiesen, como consecuencia de la pérdida de s final. No obstante, ciertos estudiosos creen
ver una antigua diptongación, y posterior monoptongación (7), es decir que los
plurales orientales serían herederos directos de las terminaciones latinas -OS
y -AS. Todas estas cuestiones se retoman en el punto 4 del capítulo III (pp.
73-76), el cual sirve como síntesis de lo que se ha tratado anteriormente.
El capítulo IV (vid. supra) es el más
extenso de todos. Empieza con dos temas de historia externa de la lengua: en
primer lugar, trata las invasiones germánicas de los siglos III-V y sus
consecuencias (pp. 77-87), sobre todo en la división entre el latín de las
Galias y el de la Retia, que, según el autor, habría formado un continuum que se rompió a
raíz de estas incursiones (pp. 78, 81 y 84). Es muy ilustrativo el mapa que
aparece en la página 86, donde vemos el progresivo avance, en lo que hoy día es
Suiza, de las tribus alamanas, desde finales del siglo III hasta la plena Edad
Media; en segundo lugar, se hace un resumen de las características que permiten
trazar una línea divisoria entre el norte y el sur de la Galia (pp. 99-101),
antes de abordar, más a fondo, la cuestión del franco-provenzal (vid.
supra, nota 1).
Ciertamente, el tema de las hablas de este rincón de la Galia, que Ascoli
denominó franco-provenzal, tiene mucha importancia en el conjunto del trabajo y
deja vislumbrar el tono que adquirirá este en las páginas sucesivas, a saber,
gran cantidad de palabras como ejemplos de cuestiones expuestas anteriormente
(pp. 109-127 y 152-176). Después de hacer un breve resumen de los rasgos
diferenciadores entre el franco-provenzal y sus vecinos (occitano y francés),
el autor da un repaso a las palabras tomadas al germánico por las lenguas
galorrománicas y la extensión que estas han tenido. Según él, estas se pueden
dividir en cuatro grupos: I. Las palabras que únicamente se encuentran en el
territorio del antiguo reino borgoñón; II. Aquellas que viven en occitano,
prestadas, seguramente, por el gótico; III. Las palabras que comparten el
franco-provenzal y el francés; IV. Finalmente, aquellas que se registran en los
tres dominios (pp. 108-109). Se centra, esencialmente, en cuestiones de
vocalismo, aunque al final (Consideración
de conjunto, pp. 131-140) también trata algún fenómeno relacionado
con el consonantismo, como la presencia de h-,
que se limita al norte de la Galia. Es interesante la situación de bilingüismo
(latín o romance-germánico) que tuvo lugar entre los siglos V-IX (pp. 133-134)
y que recuerda a la que existía, antiguamente, entre el latín y el galo. No
obstante, esta tuvo mayor repercusión que aquella en la evolución interna de
las hablas románicas de la zona, especialmente en el francés. Como ya se ha
apuntado más arriba, el método empleado en la redacción de este tema se repite
en el siguiente (3. La
división de Italia, pp. 148-182). En esta ocasión, también se tiene
en cuenta otra gran división, la de la península itálica, y como pasaba con la
Galia, aquí también hay una separación norte-sur (p. 148) (8). El autor vuelve
a hacer hincapié en el vocalismo, centrándose en la diptongación y en cómo esta
se ha producido en sílaba libre, pero no en sílaba trabada, hecho que debe
ponerse en relación con el francés. Este rasgo, de extensión desigual, va unido
a la expansión de los longobardos por Italia. Su asentamiento fue especialmente
intenso en el norte, pero se diluyó en las regiones del Mezzogiorno (pp. 177-182)
(9). Se puede observar que, al igual que en la Galia septentrional, en la alta
Italia Ĕ y Ŏ diptongaron en sílaba libre (10). Este rasgo fonético alcanza
incluso la Toscana (pp. 150-152 y 154-158) y se pierde ya en la Romaña (p.
160). El caso de Ē y Ō
es bastante similar al anterior; sin embargo, es difícil
de localizar porque las huellas de la antigua diptongación son más escasas (pp.
162-166). La antigüedad de este fenómeno está confirmada por la presencia de ei o ai en las variedades
galo-italianas de Sicilia, donde encontramos formas del tipo avair, saira o peira (11). En los dos últimos puntos (4. El retorrománico, pp.
182-186 y 5. Breve
consideración del dalmático y del iberorrománico, pp. 186-188),
Wartburg realiza un breve repaso al vocalismo y, concretamente, a los diptongos
en las hablas retorrománicas, en dálmata y en las lenguas de Hispania. En el
primer caso, la diptongación, o la ausencia de la misma, está condicionada,
otra vez, por la sílaba, es decir que nos encontramos, nuevamente, con la
influencia germánica (p. 185). En efecto, la región de la Retia tuvo, desde muy
antiguo, un estrecho contacto con los germanos (alamánicos y bávaros). En
cuanto al segundo, se observa que nada tiene que ver con lo desarrollado
anteriormente, por ejemplo: la diptongación del dálmata (Veglia) es muy intensa
(12), pero no puede relacionarse con el elemento germánico. Al final del
libro, encontramos un anexo de diecisiete mapas desplegables, a los cuales se
va haciendo referencia a lo largo de la lectura y que, en muchas ocasiones,
resultan ser un instrumento de gran ayuda para una mayor comprensión del texto.
Se podría decir
que la valoración general de la obra es positiva. Hay que tener presente que
nos encontramos delante de uno de los clásicos de la romanística y, a pesar de
los años que nos separan, muchos de los aspectos aquí tratados son de candente
actualidad en los trabajos que realizan los estudiosos modernos. Quizá puede
resultar un tanto compleja como obra de simple lectura, dada la enorme cantidad
de información que proporciona. En cambio, es muy útil para un estudio, a
fondo, de la misma o para futuros trabajos que pudiesen derivarse de ella.
(12) Los
dialectos serbocroatas de Dalmacia revelan condiciones muy similares (p. 187).