El jueves 5 de diciembre fallecía, en Johannesburgo, el ex-presidente sudafricano Nelson Rolihlahla Mandela, más conocido en su país como Madiba. Tras casi treinta
años de prisión, ganó el Premio Nobel de la Paz (1993) y, posteriormente, fue
elegido presidente (1994-1999). Durante su mandato, priorizó la reconciliación
nacional —después de cerca de cincuenta años de segregación racial, liderado por la minoría blanca, en el régimen denominado aparheid (1948-1992)— sin usar la violencia y sin discriminar a ninguna de las etnias que
forman parte de Sudáfrica. Este fin de semana se dará el último adiós a una de
las personas más importantes de la historia del siglo XX.
sábado, 14 de diciembre de 2013
domingo, 3 de noviembre de 2013
Reseña del libro "La edición de textos"
Este libro
es la segunda edición, ampliada y actualizada, de una obra anterior
de M. Ángel Pérez Priego, catedrático de literatura española de
la UNED. Tal y como indica su nombre, el tema central sobre el que
versa este libro es la edición de textos. Su trabajo se centra en el
estudio literario y la edición de textos españoles medievales, así
como también del Siglo de Oro.
La obra
está dividida esencialmente en tres partes, de las cuales las dos
primeras formarían el grueso de la misma. La primera de estas
comprende desde el capítulo 1 al capítulo 3 (pp. 15-100). En ella
se nos exponen, básicamente, cuestiones relacionadas con la historia
de la disciplina y del material que le sirve de estudio, a saber, los
manuscritos e impresos. El primer capítulo (Historia y métodos
pp. 15-45) —tal vez el más arduo— nos presenta un recorrido
histórico a través de las distintas épocas que se han interesado
por la edición de los textos. El autor parte, esencialmente, de la
tradición humanística que ha dado nombres como Lorenzo Valla
(1407-1457) quien, a partir del análisis detallado —hoy en día
podríamos decir filológico—, consiguió desvelar la falsedad del
Constitutum Constantini (1).
A continuación da un salto al siglo XIX, donde podemos fijar el
punto de inflexión entre lo que se hacía hasta entonces y lo que
será el proceso, a partir de las teorías desarrolladas por Lachmann
y Bédier, de la edición de un texto. En palabras del propio autor
observamos que el humanismo definió “un método cada vez más
riguroso de reconstrucción de textos que, basado sustancialmente en
la técnica de clasificación y ordenación de manuscritos, se ha ido
aplicando no ya sólo a los textos grecolatinos, sino a otros campos
muy diversos del pasado cultural.” (p. 25), mientras que con la
teoría lachmanniana, cuya premisa última es la de encontrar lo que
se denominará un arquetipo —es decir el manuscrito más
próximo al original a partir de la colación y confrontación de
todos los testimonios (2)—,
se produce una renovación profunda del método de reconstrucción de
textos. Después de un tiempo y con la aportación de novedades por
parte de otros autores, esta teoría llega a Francia donde un joven
Joseph Bédier, partidario en un principio de la misma, la
contestará. Él preconizaba la elección del “bon manuscrit”. A
partir de aquí se abre todo un abanico de distintas prácticas,
usadas por unas u otras escuelas, a la hora de editar un texto. Pérez
Priego concluye este capítulo con un breve pero intenso punto donde
repasa la gran repercusión que han tenido las nuevas tecnologías en
el ámbito de la filología, así como todas las ventajas que estas
han aportado. Personalmente, me resulta interesante el elenco que
hace el autor de las distintas bibliotecas que se pueden encontrar en
la red (p. 44). Los capítulos 2 (El proceso de transmisión de
los textos, pp. 47-76) y 3 (Historia de la tradición:
tradición manuscrita y tradición impresa, pp. 77-100) son
complementarios y podrían intercambiar el orden. El primero de estos
trata, esencialmente, sobre todos los tipos de errores que nos
podemos encontrar en el momento de enfrentarnos a un texto. En un
principio, se plantea el hecho de que nos han sido legados, en
general, una serie de copias o testimonios que descienden de un
original (apógrafos) o de otras copias (antígrafos). A
continuación, el autor analiza, una por una, las distintas
tipologías de error: desde las llamadas causas externas, a saber, la
aptitud del copista, la calidad de la copia (o el material con el que
esta se lleva a cabo) o las condiciones en las que se desarrolla la
copia (generalmente no muy buenas puesto que esta era una tarea que
precisaba de un gran esfuerzo), hasta las internas como podrían ser
por ejemplo la confusión de abreviaturas o grafías, así como los
errores de omisión, adición, alteración o sustitución de
palabras. A este respecto y como resumen de la función que
desempeñan los errores en la edición de textos, considero adecuado
citar aquí lo que Pérez Priego dice en la página 54, “La labor
del filólogo será naturalmente detectarlos y eliminarlos. Pero
también le servirán para establecer la filiación de los
testimonios y le guiarán por las distintas ramas o grupos
textuales”. Con el segundo de estos dos capítulos, nos encontramos
frente a una exposición de las diferentes tradiciones con las que se
han perpetuado las obras, es decir, la tradición manuscrita (en
soporte de pergamino o papel) y la impresa. Esta última la
encontramos a partir del siglo XV y puesto que su difusión era mucho
mayor que la manuscrita —cuando se imprimía, no se hacía una sola
copia—, disponemos de más testimonios para cotejar y estudiar. La
segunda parte nos ofrece, en primer lugar, un breve capítulo (4
Distintos tipos de edición, pp. 101-114) en el que se
enumeran los distintos tipos de edición textual. Hace un apunte
escueto sobre las ediciones facsímiles y diplomáticas, para
terminar con la edición crítica. Esta acaparará, en el capitulo
que nos atañe, casi todo el interés del autor quien ofrecerá, en
los capítulos restantes, un análisis más detallado de la misma.
Por lo que respecta a las primeras, Pérez Priego alude al gran
avance que estas han experimentado con el advenimiento de las nuevas
tecnologías —muy especialmente con las fotografías y las
digitalizaciones— (3);
en cuanto a las segundas, el autor diferencia entre la edición de un
testimonio único y la de varios testimonios. A simple vista, la
primera puede parecer más sencilla, pero se complica porque, en este
caso, no hay lugar para la collatio ni la selectio,
“las operaciones que [...] se perciben más fecundas y
prometedoras” (p. 105). Si bien no hay otros testimonios directos
de la misma obra, sí que se puede confrontar esta con testimonios
indirectos. Esto es lo que ocurre con las obras épicas que pueden
analizarse a partir de las prosificaciones cronísticas y los propios
hechos lingüísticos (p. 107) (4).
Tal y como se ha dicho anteriormente, los últimos capítulos ofrecen
una visión más detallada de todo cuanto se ha expuesto hasta el
momento. Asimismo, pueden tomarse como un manual dentro del manual ya
que dan las pautas que tiene que seguir el filólogo a la hora de
poner en práctica sus conocimientos para elaborar una edición de
texto. En el capítulo 5 (La edición crítica: la recensio,
pp. 115-141) se plantea la problemática —y dificultades— de la
creación del stemma, después de llevar a cabo la tarea de la
recensio. Con los capítulos 6 (La edición crítica: la
constitutio textus, pp. 143-152) y 7 (La edición crítica: la
dispositio textus, pp. 153-179) se pasa a la intervención en el
texto con el fin de desarrollar así la forma que proporcione la
lectura más óptima del mismo. El proceso para lograr este objetivo
es el de la selección de variantes (selectio), con la
posterior enmienda de los distintos errores (emendatio). A
continuación, se procede al establecimiento del texto definitivo,
donde se tendrá en cuenta la lengua: la gramática, grafía —el
autor da una serie de consejos a la hora de establecer una
regularización de esta (pp. 159-165)— y finalmente la puntuación.
La opinión personal del profesor Pérez Priego respecto a cuál es
el límite a la hora de intervenir en un texto es la siguiente:
“Entendemos que debería conservar mayoritariamente sus grafemas,
unificando sólo aquellos que no tienen valor fonológico ni son
portadores de ningún valor connotativo” (p. 173) (5).
El último capítulo (8 Aparato crítico y anotación del texto,
pp. 181-204) versa sobre cuestiones que podríamos entender como
secundarias, pero que proporcionan una información nada desdeñable
a la lectura de la edición que se presenta. Esta está constituida
por el aparato crítico —en caso de contar con distintos
testimonios— que permite al lector una confrontación entre el
texto base escogido por el editor y las variantes del mismo, y por
notas de todo tipo, ya sean lingüísticas, literarias o culturales.
La tercera y última parte del libro es un breve glosario (pp.
205-210) donde se definen los conceptos, tal vez más complejos, que
han ido apareciendo a lo largo de la obra.
A modo de
conclusión, cabe señalar que esta es una obra de lectura amena que
ofrece, además, numerosos ejemplos de todo aquello que se expone en
el discurso, con lo que así facilita aún más la comprensión del
mismo. Debe decirse también que la mayoría de esos ejemplos, como
no podría ser de otra manera, pertenecen al ámbito hispánico.
(1) Documento en el que se apoyaron los papas durante toda la Edad Media
para legitimar su poder, y así intervenir, sobre los otros señores
y soberanos.
(2) Sin duda, la aportación más significativa de esta teoría a la
filología es el proceso inicial de la recensio, antes de la
edición propiamente dicha.
(3) Esto remitiría directamente a lo expuesto en el último punto del
primer capítulo (vid. supra).
(4) Ciertamente, este mismo procedimiento ya se practica en crítica
literaria y en estudios de intertextualidad.
(5) Discurso que comparto sin objeción alguna.
domingo, 27 de octubre de 2013
Ressenya del llibre "El lèxic català dins la Romània".
COLÓN,
Germà (1993): El lèxic català dins la Romània. València:
Universitat de València, [trad. de l’original castellà El
léxico catalán en la Romania (Madrid: 1976)], 261 p.
(Col·lecció Biblioteca lingüística catalana, 12).
L’autor
fou catedràtic de filologia romànica a la Universitat de Basilea i
el seu camp d’estudi se centra en l’etimologia i la lexicografia
romàniques, així com en l’edició de textos antics (Furs de
València, editat en volums i publicat a partir de 1970, al
costat d’Arcadi Garcia). Entre d’altres obres seves, cal
destacar: Acerca de los préstamos catalanes y occitanos del
español (1969), El español y el catalán, juntos y en
contraste (1989) o més recentment, Estudis de filologia
catalana i románica (1997), així com també la seva
col·laboració en la redacció de la colossal obra del Französisches
Etymologisches Wörterbuch (FEW, 1928-2003), a
càrrec del seu mestre Walther von Wartburg
El
present llibre és una versió catalana de la primera part d’una
obra anterior, del mateix autor, escrita en castellà i intitulada El
léxico catalán en la Romania. (1)
Al llarg dels divuit capítols en que està dividida l’obra,
l’autor ens ofereix una aproximació al lèxic català des d’un
punt de vista diacrònic i sincrònic. Abans de tot, però, el
professor Colón fa una petita introducció (p. 13-20) on, a més de
resumir breument el contingut de l’obra, exposa els objectius que
pretén assolir amb aquest treball.
Des del capítol 1 (El ressò d’una polèmica) i fins al
capítol 11 (Contrast amb l’occità), o dit d’una altra
manera, entre les pàgines 21 i 125, s’intenta emmarcar la llengua
catalana en el seu context romànic més immediat, és a dir, d’una
banda amb l’occità i el francès i d’una altra banda amb les
llengües iberoromàniques (espanyol i portuguès). (2)
Dins d’aquests, en dedica, encara que d’una manera implícita,
cinc a parlar de la polèmica entorn a l’agrupació del català amb
les llengües d’Hispània o amb les de les Gàl·lies. El ja
esmentat capítol 1. El ressò d’una polèmica (p. 21-25),
és el punt de partida de tot el que vindrà a continuació, és on
es presenta el citat problema; concretament se’n parla al paràgraf
1.2.1. (p. 22-23). El capítol 2. Varietat lèxica (p. 27-34),
també presentaria un to introductori on, tot basant-se en un treball
anterior, Problèmes de géographie linguistique romane (Jud,
1925-1926), l’autor ressegueix els resultats catalans per als
conceptes ‘despertar’ i ‘apagar’. Segons Colón, i coincidint
amb l’obra anterior, el català hauria d’arrenglerar-se amb
l’espanyol i el portuguès pel que fa a aquests dos conceptes.
Tanmateix, després d’haver llegit el capítol sencer, constatem
que l’inconvenient de l’estudi de Jud és el fet d’obviar
solucions catalanes que aproparien aquesta llengua a d’altres
varietats romàniques, sobretot les gal·loromàniques: esvetllar
per ‘despertar’ (3)
o estènyer, forma documentada des del segle XIV, i tudar,
que s’empra encara avui en dia al Rosselló, totes dues amb el
sentit de ‘apagar’. (4)
També s’han de tenir en compte les solucions particulars del
català, com és el cas de deixondar (i la seva variant en
-ir), a l’explicació del qual, l’autor dedica la part
central del capítol (p. 29-32). En els capítols 3. Un assaig a
quatre columnes i 4. Un camp semàntic (p. 35-45 i p.
47-53 respectivament), ens trobem davant un ventall més ample de
mots; en el primer cas, són conceptes que pertanyen al lèxic bàsic,
com ara ‘matí’, ‘llit’, ‘ocell’ o ‘parlar’; i en el
segon cas, observem l’estudi detallat de disset paraules d’un
mateix camp semàntic, el dels noms de parentiu. Després de llegir
tots dos capítols, hom arriba a la conclusió que el català guarda,
sempre des del punt de vista lexical, una major afinitat amb el grup
de llengües gal·loromàniques que no pas amb la resta de llengües
d’Hispània. Això ho trobem concretament a les p. 44-45, § 3.3.,
amb el balanç que es fa al final del paràgraf entre les solucions
que cauen sota l’òrbita gal·loromànica, un 78%, les que cauen
sota l’òrbita iberoromànica, un 37,5%, i les autònomes; i a la
p. 53, § 4.2.1., on, en paraules del mateix autor: “Pel seu lèxic,
el català coincideix la majoria de les vegades amb les solucions de
les Gàl·lies, i no tant amb les d’Hispània”. Ja en el capítol
5. El lèxic català entre les àrees centrals (p. 55- 64),
hom ens planteja un altre dilema, i és el fet de si el català es
diferència de l’espanyol o si és aquest últim el que se separa
de la resta de parlars romànics, tant pels seus arcaismes (p. 55, §
5.1.1.), com per les seves innovacions (p. 56-59, § 5.1.2.), o per
l’adopció de barbarismes (o l’absència dels mateixos),
germànics i àrabs, en les pàgines següents (des de la p. 59 fins
a la p. 63). Al llarg del capítol 6. Anàlisi contrastada d’un
text (p. 65-73), i del capítol 7. L’aragonès i el català
(p. 75-83), el professor Colón analitza el lèxic català en
l’estadi antic i el compara amb els seus contemporanis espanyol i
aragonès, (5)
a partir d’un text, en el cas de l’espanyol, (6)
i cercant diverses paraules, en el cas de l’aragonès. (7)
En el primer dels dos, hem d’esmentar encara la conclusió pel que
fa a l’afinitat catalana amb els veïns del nord, i les
discrepàncies d’aquesta amb els de l’oest (p. 72-73). En el
segon, trobem dues parts diferenciades: la primera, entre les p. 75 i
77, on advertim una gran proximitat entre els resultats aragonesos i
castellans, i la segona, entre les p. 77 i 79, on podem observar les
similituds que hi ha, o hi havia, (8)
entre l’aragonès i el català. És interessant destacar el que es
diu en el capítol 8. “Hispanització” i cronologia (p.
85-94), sobretot en la part central del primer paràgraf (p. 85), on
es parla de la successiva “hispanització” del català al llarg
dels segles, i es planteja que aquest seria gal·loromànic a l’edat
mitjana i més endavant s’hauria anat apropant a les llengües
iberoromàniques. No obstant això, la qüestió no és tan simple,
fet que constatem amb els arguments que ens dóna l’autor en el §
8.2., p. 87-88. Al capítol 9. Afinitat amb la Gal·loromània
(p. 95-99), trobem més arguments que reafirmen la proximitat del
català amb l’occità i el francès, i la certa diferenciació
d’aquest amb les altres parles romàniques. En el capítol 10.
L’occità i el català (p. 101-117), s’estreny més el
cercle i veiem com les solucions catalanes són molt properes al
gal·loromànic, però sobretot a l’occità i concretament a la
varietat llenguadociana. Això es posa en pràctica en un exercici
que ens recorda al que es duu a terme en el capítol 6 (vegeu supra),
ja que es presenta un text occità del 1288, (9)
i la seva traducció catalana antiga. Com a contrapunt a aquest, cal
remarcar el capítol següent, l’11. Contrast amb l’occità
(p. 119-125), en què se’ns donen diversos exemples, tant antics
com moderns, de les diferències que hi ha entre tots dos idiomes.(10)
Després de cloure aquest primer bloc, consagrat a establir
semblances i discrepàncies entre el català i els seus veïns, es
passa a parlar del seu lèxic pròpiament dit, sense més
paral·lelismes, tot començant pel capítol 12. Individualitat
del lèxic català (p. 127-132), on, com el seu nom indica,
s’estudien quines són les solucions lèxiques preses pel català i
que no estan compartides pels demés romanços. Al capítol 13.
Repartició geogràfica (p. 133-142), s’analitza el
vocabulari català des d’un punt de vista diatòpic, tot posant
èmfasi en la dificultat de traçar fronteres lèxiques en els segles
medievals.(11)
Els dos capítols següents, capítol 14. Aportació forastera
(p. 143-166) i capítol 15. Catalanismes (p. 167-170), es
complementen molt bé car en el primer, s’expliquen els manlleus i
influències d’altres llengües envers el català; (12)
i en el segon, observem, en un únic paràgraf, quina ha sigut la
difusió del lèxic català, sobretot en el que respecta al castellà.
Arribats al capítol 16. Persistència d’ètims “hispànics”
(p. 171-175), l’autor ens presenta una situació un xic diferent
del català. Donat que, tot i l’argumentació en capítols
anteriors de l’afinitat del català amb els “germans”
gal·loromànics, trobem, en d’altres temps (del § 16.2. al §
16.3.) i avui en dia (del § 16.4. al § 16.5.), exemples que denoten
una certa hispanitat en aquesta llengua. Els darrers capítols, 17.
Tasca a realitzar (p. 177-187) i 18. Observacions finals
(p. 189-190), representen una conclusió a tot el que s’ha tractat
prèviament.
La
millor manera de cloure aquesta ressenya, seria analitzant primer
l’estructura de l’obra i tot seguit la seva utilitat. Pel que fa
al primera qüestió, hem de dir que els capítols estan perfectament
delimitats, amb una llargària molt semblant, i dividits, tots ells,
en diversos punts o paràgrafs que permeten una lectura amena i una
consulta ràpida d’allò que hom vol cercar, fet que es complementa
amb l’índex de mots i de matèries que es troba al final (p.
215-261). Quant al segona qüestió, val a dir que indiscutiblement
el present treball és, i aquest és també un dels propòsits del
seu autor, (13)
un punt de partida per a obres posteriors, ja que compta amb
nombroses reflexions i un cabal d’informació molt considerable que
ajudarien a dur a terme aquests estudis.
(1) Publicada l’any 1976 per l’editorial Gredos, dins la col·lecció
Románica Hispánica.
(2) També, i com veurem més endavant, es tracen les semblances i les
divergències existents entre el català i l’aragonès.
(3) Cf. el francès éveiller.
(4) Cf. el francès éteindre o l’occità atudar.
(5) En el capítol dedicat al contrast del català amb l’aragonès,
trobo a faltar testimonis moderns d’aquesta llengua, encara que
l’autor ho justifica al començament amb les paraules següents:
“[…] Allò que denominem aragonès amb prou feines existeix; o
bé caldria enfrontar els parlars en descomposició d’allunyades
valls pirinenques amb la llengua literària catalana. […]” (p.
75). És la seva visió, i no ens deturarem aquí a analitzar-la.
(6) El Tirant lo Blanch, València 1490, i una traducció
castellana de 1511 feta a Valladolid.
(7) Concretament pren les paraules recollides en el § 3.1.
(8) Donat que es pren en consideració, només, la variant medieval de
l’aragonès.
(9) Un fragment del Breviari d’amor de Matfré Ermengau.
(10) M’agradaria reproduir l’aclariment que fa l’autor a la p. 119:
“[…] Si he posat en relleu les afinitats occitanes del lèxic
català, no per això deixe de reconèixer que el català és una
llengua romànica en tot independent i senyora de les seues
solucions lèxiques, morfològiques, etc. […]”. Crec que es
podria estendre a les altres varietats romàniques, ja que cadascuna
presenta peculiaritats que l’apropen, i l’aparten, en més o
menys mesura de les demés.
(11) Tanmateix, hi ha un incís on es parla de la situació actual (§
13.1., § 13.2., § 13.3. i § 13.4.3.).
(12) Tant pel que fa als cultismes greco-llatins (p. 143-147), com pel
que fa als préstecs d’altres llengües romàniques: occitanismes
(p. 147-149), francesismes (p. 149-152), italianismes (p. 153-157) i
finalment castellanismes (p. 157- 166).
(13) Manta vegada, recorda al lector el treball que encara s’ha de fer,
i la complexitat del mateix. Per exemple a la p. 14, § 0.1., o al
llarg del capítol 17 (vegeu supra).
viernes, 18 de octubre de 2013
¡¡¡Qué la fuerza te acompañe!!!
Parece que el universo creado
por Georges Lucas en 1977 está cada vez más cerca de ser una realidad. Científicos de
la universidad de Harvard descubren, por casualidad, lo que podría ser una
espada láser. Hasta la fecha, se creía que las partículas de luz (los fotones)
no interactuaban con otros elementos. Sin embargo, a partir de este estudio, se
ha demostrado que la interacción de dos haces de luz con moléculas más duras, como las de una mano humana, sería capaz de cortar las mismas. Algo que ya experimentó Luke
Skywalker en el combate contra su padre.
Para más información, podéis consultar la
noticia completa en:
sábado, 5 de octubre de 2013
Reseña del libro "Las lenguas romances" de R. Posner.
POSNER,
Rebecca (1998): Las lenguas romances. Madrid: Ediciones
Cátedra, 423 pp.
Se trata de una traducción del original inglés, The Romance
languages (1996). Como su nombre indica, pretende ser un manual
de lingüística que abarque la totalidad de las lenguas romances.
Esta misma autora, y profesora en la Universidad de Cambrige, ha
publicado diversas obras sobre el ámbito románico general, The
Romance languages: a linguistic introduction (1966) (1),
o sobre una parcela concreta de la Romania, Linguistic Change in
French (1997).
La obra está dividida esencialmente en tres partes. La primera y más
escueta es la Introducción (pp. 25-59), que sirve a la autora
como punto de partida donde introduce las materias que tratará a lo
largo del libro. En el primer punto aborda la cuestión de las
lenguas romances y plantea el hecho de su unidad y de si ésta se
debe a la herencia común, si es consecuencia del préstamo o si
hemos de hablar de proceso de deriva común o de pura coincidencia.
En los puntos que siguen, la profesora Posner nos da una visión
global de la historia de la disciplina, desde el considerado como
padre de la filología románica, el francés François-Juste
Raynouard, hasta la presente obra (2).
Los tres últimos puntos (¿De qué se ocupan los romanistas?,
¿Sobre qué discuten los romanistas? y ¿Qué contribución
pueden hacer los estudios románicos a la lingüística sincrónica y
diacrónica?) son realmente lo apuntado al principio, es decir,
una introducción propiamente dicha de lo que se desarrollará en los
dos apartados que vienen a continuación (3)
Estos dos, dividido cada uno en cuatro capítulos, constituyen el
grueso de la obra. Por orden de aparición tenemos la titulada
Primera parte: Las semejanzas (pp. 63-236), seguida por la
Segunda parte: Las diferencias (pp. 239-414). Cada capítulo
contiene a su vez varios puntos que se tratan con más o menos
extensión; éstos encuentran su equilibrio en uno y otro apartado,
ya que en el primero se analizan los rasgos que unen a las lenguas
romances y en el segundo se hace hincapié en las peculiaridades de
cada variedad románica que difieren de las demás. Así, tenemos
que, por un lado, el capítulo 3. Latín y romance (pp.
135-200) de la primera parte encuentra su paralelo en el capítulo 6.
¿Cuándo se hicieron diferentes las lenguas romances? (pp.
281-341); estos capítulos se podrían considerar también como un
ejemplo de continuidad entre el uno y el otro, ya que en el primero
se trata la evolución del latín, o su variedad más popular (4),
y su norma hasta la eclosión de los distintos romances (5),
con una pregunta final bastante compleja, ya que se plantea la muerte
(o no) (6)
del latín y quién fue el “culpable”; en el segundo se pone de
relieve la diferenciación existente entre unas y otras lenguas ya en
tiempos de Roma hasta nuestros días, desde una dialectización del
latín extendido conforme se expandía el dominio romano (7),
pasando por la(s) diferente(s) lengua(s) de sustrato que entró
(entraron) en contacto con la lengua de los conquistadores y como
influyó en ella hasta llegar a la(s) lengua(s) de superestrato que
trajo (trajeron) consigo los pueblos llamados bárbaros,
mayoritariamente germánicos (8),
entre los siglos IV-VIII. Y por otro lado tenemos que el capítulo 4.
Convergencia, influjo mutuo y evolución paralela (pp.
201-236) tiene, por así decirlo, su oponente en el capítulo 7.
¿Cómo se diferenciaron las lenguas romances? (pp. 343-395) (9).
En mi opinión las dos cuestiones básicas que trata esta obra y a
las cuales pretende dar respuesta su autora son: ¿Qué es una
lengua romance? (a ésta le dedica dos capítulos) y ¿Cuántas
lenguas romances? Creo que en general las respuestas que se dan
son bastante ambiguas, pero no es de sorprender, ya que se trata de
una cuestión polémica cuya respuesta definitiva todavía no ha sido
expuesta con firmeza. Sin embargo, a lo largo de la obra se nos dan
pistas sobre la visión de la autora, por ejemplo cuando trata los
romances de Italia, diferentes del italiano estándar, como dialectos
de éste; uno lo encontramos en la p. 70, cito: “[...] Los
dialectos del sur también utilizan un final vocálico en la 6.ª
persona (siciliano -anu, -inu). Esto no ocurre en
muchos dialectos del norte, [...]”, o en la p. 124, ejemplo 49,
donde se trata al véneto como una variante del italiano estándar (10).
Esto chocaría con lo que leemos en la p. 12 del prefacio, donde la
autora parece que no tiene intención de tomar partido por si una
variedad romance debe ser tratada como lengua a parte o como un mero
dialecto de una lengua más grande (11).
También sorprende el trato que se da a los criollos de base romance,
que en dos ocasiones (pp. 106 y 111) se consideran como lenguas
romances (12).
Al final del libro tenemos un apartado dedicado a la Bibliografía
(pp. 415-423). Una selección bastante abundante de obras de
referencia en el campo de la filología románica; la mayoría, eso
sí, escritas en lenguas no romances, inglés y alemán. Este
apartado está complementado por otros más cortos titulados Lecturas
recomendadas, los cuales pueden consultarse al final de cada
capítulo.
Ésta es una obra interesante, aunque su extensión es muy reducida
en comparación al amplio estudio que nos quiere ofrecer su autora.
Con palabras de la misma: “La tarea de limitar este trabajo a un
solo volumen ha supuesto la necesidad de omitir o de tratar
someramente mucho material interesante [...]” (p. 11). Es por eso
por lo que he encontrado a faltar ciertas apreciaciones o ejemplos
que ilustraran mejor el tema que se trata en cada punto. Mencionaré
cuatro casos en los que he notado esta carencia: en la p. 118, donde
se habla de la adición de la -s adverbial detrás de los
adverbios terminados en -mente para diferenciarlos de los
sustantivos, en el ejemplo que sigue a esta explicación sólo
encontramos el occitano antiguo fortaments ‘fuertemente’ y
el portugués antiguo claramentes ‘claramente’ pero no hay
rastro del aranés actual, que presenta formas tales como justaments
‘justamente’ o violentaments ‘violentamente’. En la p.
205, ejemplo 2, en el cual se dan ejemplos de diptongación de ĕ y ŏ
tanto en sílaba libre como en sílaba trabada en diferentes hablas
romances como por ejemplo el español hierba o el rumano iarbă
(< h ĕ r b a), este hecho no se da ni en italiano (erba (13))
ni en francés (herbe) pero si en hablas pertenecientes al
dominio de oíl y que por tanto están muy próximas al francés, por
ejemplo el valón (Lieja) [jɛb]
o el picardo (Hainaut) [jɛʀp].
En las pp. 290 y 291 se nombra la característica portuguesa de la
pérdida de l y n en posición intervocálica, pero
ésta no pertenece exclusivamente al portugués, ya que también la
encontramos en gallego (m a n u > mao (14);
c a b a l l u > cabalo), en gascón (l ū n a > lua; ū n a
> ua) y en ligur (f ī l u > ['fi];
*c e l u > ['se];
p ĭ l u > ['pej]).
En la página 338 se nos advierte de que la única lengua que
flexiona el posesivo de tercera persona singular (varios poseedores)
es el francés: leur > leurs en plural, obviando así
al catalán llurs (< llur en singular) y al occitano
lors (< lor en singular). Finalmente encontramos que
en la p. 353 se habla de la inserción de una -o en plurales
de ciertos nombres masculinos catalanes que en el singular lo han
perdido, como es el caso de braç > braços
‘brazo/-s’ (< b r a c c h i u) o mes > mesos
‘mes/-es’ (< m e n s e). Lo que omite la autora es el hecho de que
existen algunos casos de sustantivos masculinos singulares que
presentan una vocal paragógica: f ĕ r r u > ferro ‘hierro’,
c a r r u > carro, t a u r u > toro.
A medida que he ido leyendo, he encontrado diversos errores o
despistes, más o menos graves, que quizás no se deban tanto a la
autora sino más bien a la traducción española de la obra. Sin
pretender ser exhaustivo ni querer hacer leña del árbol caído,
enumeraré aquellos que me han llamado más la atención:
- En la Introducción, p. 52, observamos que se ha olvidado el diacrítico en la trascripción de e abierta nasal, es decir [ɛ] en lugar de [ɛ̃].
- En la primera parte, las Semejanzas: p. 89, ejemplo 57, el étimo manus no está en versal tal y como convendría; p. 101, “[...] un [œ̃] masculino de [yn] [...]” falta la forma gráfica une; p. 101, un éléve y une éléve en vez de un élève y une élève con acento grave; p. 138, los formas por las formas; p. 148, pâte > pasta tendría que ir al revés, ya que el étimo es la segunda forma y el heredero románico es la primera, de manera que deberíamos leer pâte < pasta; p. 162, se menciona hominis como acusativo de homo, cuando ésta es la forma de genitivo y la correcta del caso acusativo sería hominem.
- En la segunda parte, las Diferencias: p. 294, hicapié por hincapié; p. 327, el italiano asculta en vez de ascolta ‘escucha’; p. 332, contrucción por construcción; p. 335, lo cuales por los cuales; p. 344, un complemento agente introducido con la preposición para en vez de por, “Ya hemos visto que en muchos casos el sendero seguido por una lengua romance es conocido para otras familias lingüísticas”; p. 348, la trascripción de clef como [kle] en vez de [klɛf] (15); p. 361, los raíces por las raíces; p. 372, ejemplo 83, la voz rumana para ‘escuela’, escrita sçoală en vez de şcoală, con la cedilla en la c en lugar de la s; p. 381, ejemplo 106, la frase catalana Dona mès que (no) promet, que se tendría que escribir Dóna més que (no) promet.
A modo de conclusión cabe decir que, a pesar de que esta obra pueda
parecer una introducción a la ciencia de la romanística, sobre todo
dada su extensión (ver supra), no nos tenemos que dejar guiar
por las apariencias, ya que por su contenido, en ocasiones
especialmente denso, es un trabajo que requiere de ciertos
conocimientos adquiridos con anterioridad antes de lanzarse a su
estudio. Con todo, el desarrollo de cada punto está cuidadosamente
ilustrado por interesantes ejemplos que ayudan a una mayor
comprensión de lo que se va argumentando a lo largo del libro (16).
También proporcionan una inestimable ayuda las aclaraciones que hace
la autora al final o en medio de las distintas secciones de la obra,
las cuales se distinguen de la explicación general con un cambio en
el tamaño de la fuente (17),
así como los puntos titulados Conclusión que encontramos al
final de algunos, no todos, los capítulos (Introducción, p.
58; 1.4. A modo de conclusión parcial, p. 102; 4.9.
Conclusión, p. 234; 5.9. Conclusión, p. 278; 6.6.
Conclusión, p. 340).
(1) También la obra Trends in Romance linguistics and philology,
en 5 volúmenes, publicada en Berlín entre los años 1980 y 1993,
junto al también romanista John N. Green.
(2) En la p. 31 hay una errata en la cita de la obra de Maria
Manoliu-Manea, ya que se escribe Gramatica comparată al limbilor
romanice, cuando el artículo genitival debe concordar con el
sustantivo Gramatica, que es femenino, de manera que tenemos
que leer Gramatica comparată a limbilor
romanice.
(3) He observado una mala traducción del rumano Este plecat / A
plecat (p. 42, ejemplo 15) como ‘Él es llegado’ y ‘Él ha
llegado’, en lugar de ‘Él es marchado’ y ‘Él ha marchado’.
También he encontrado una errata en la traducción del catalán de
Gerona sò bist como ‘He [soy] sido’ en vez de ‘He
[soy] visto’ (p. 44, ejemplo 23).
(4) El llamado latín vulgar, o latín hablado que se diferencia del
clásico o escrito.
(5) También las innovaciones de éstos con respecto a la matriz común.
(6) Con esto me refiero a la teoría que ve a las lenguas romances no
como una ruptura con el latín, sino una continuación de éste a lo
largo de los siglos. O, dicho de otra manera, definir lo que se
habla actualmente en los países de habla románica como un latín
del siglo XXI.
(7) Básicamente en el Mediterráneo central y el occidental, Hispania,
las Galias y en Oriente tan solo en Iliria y Dacia, ya que el resto
permaneció bajo dominio del griego.
(8) También eslavos, sobre todo en lo que concierne al rumano.
(9) En el punto 4.2. La diptongación (pp. 203-210) se expone la
diptongación, muy generalizada en la Romania, de ĕ y ŏ latinas.
Del otro lado tenemos el punto 7.2. b) La nivelación de los
diptongos (pp. 348-352), donde se habla de la diptongación y
posterior monoptongación en francés, que, si bien es una
característica muy propia de esta lengua, no es exclusiva.
(10) También en lo concerniente a la Península Ibérica, ya que se
designa el asturiano como español dialectal (p. 161, ejemplo 59).
Aún en esta misma página leemos it. dial. (abreviatura que utiliza
la autora para el italiano dialectal) refiriéndose al romance de
Lucania.
(11) “[...] he tratado de evitar la tendenciosa clasificación en
«lenguas» y «dialectos», y me he servido, en la medida de lo
posible, de una nomenclatura geográfica”.
(12) Cito los dos ejemplos: “[...] la diferencia más radical entre los
criollos y las demás lenguas romances.” (p. 106) y “[...] una
diferencia que parece separar los criollos de las demás lenguas
romances es el hecho [...]” (p. 111).
(13) Encontramos un error en la grafía del italiano erba, ya que
escribe este sustantivo con h- inicial, hecho que la
normativa italiana prescribe.
(14) Forma del gallego oriental, en gallego occidental tenemos la forma
man [maŋ].
(15) (p. 356, ejemplo 38). Considero innecesario para el lector
hispanohablante la explicación del verbo castellano sembrar.
(16) Aunque no siempre sean lo suficientemente claros o haya alguna
pequeña errata: por ejemplo, en la página 52, ejemplo 51, hablando
de la nasalización de las vocales francesas encontramos brun/preux
seguidos de la traducción ‘marrón’/‘valiente’. No
obstante, yo hubiera preferido otra palabra en vez de preux,
ya que ésta, a pesar de contener un sonido alófono del de la
anterior, no es exactamente lo mismo ya que el primero es abierto
(en este caso nasalizado) y el segundo cerrado; a saber, la primera
palabra se transcribiría [bʀœ̃]
y la segunda [pʀø].
De manera que yo hubiese optado por œuf ‘huevo’ o bœuf
‘buey’ transcritos [œf]
y [bœf]
respectivamente. Todavía en la misma página observamos que en el
ejemplo 52 falta el compañero sin nasal del portugués pão,
que sin embargo sale en la traducción ‘pan’/‘paño’, es
decir que, al lado de aquél deberíamos tener pano. Sin
dejar esta página notamos que faltaría por especificar, en el
ejemplo 53, la variante de francoprovenzal que responde a las formas
transcritas como [lãːna]/[aːno]
‘lana’/‘asno’. En la página siguiente (p. 53) encontramos
una r uvular en la trascripción del francés antiguo brune,
sonido que no se registrará hasta el siglo XVII.
(17) Por citar algunos ejemplos: Introducción, pp. 29, 37 y 55;
1.2. Marcadores de persona, pp. 71 y 74; 4.2. La
diptongación, p. 204; 6.3. La expansión de la norma de
Roma, pp. 295 y 297; 7.4. Cambios sintácticos, pp. 370 y
375.
sábado, 21 de septiembre de 2013
Equinoccio de otoño 2013
Mañana día 22 de septiembre comenzará el otoño en el hemisferio norte del planeta, concretamente a las 22h 44min. (hora española peninsular). Para festejar tal evento, propongo que nos deleitemos escuchando la música del veneciano Antonio Vivaldi (1678-1741).
¡¡¡Feliz otoño para todos!!!
sábado, 14 de septiembre de 2013
¡Hasta el infinito y más allá!
El pasado jueves día 12 de
septiembre de 2013, la NASA anunció que la sonda espacial Voyager 1 había
salido de nuestro sistema solar, lo que se conoce como heliosfera. De esta
manera, se convierte en el objeto de creación humana que más lejos ha llegado
hasta la fecha (a más de 18.000.000.000 km. de la Tierra). Se ha convenido en
asegurar que esta región interestelar fue alcanzada en verano del año pasado. La
sonda fue lanzada en el año 1977 desde Cabo Cañaveral (Florida) y, hasta el
momento, nos ha proporcionado información muy valiosa de nuestros vecinos
planetarios, Júpiter (1979) o Saturno (1980), así como de sus satélites, entre
ellos Io —donde se pudo observar, por primera vez, actividad volcánica
exaterrestre— y Titán. Esta realizó también la fotografía más lejana que se tiene de la Tierra. Se prevé que la misión finalice hacia el año 2020. Sin
embargo, lo más curioso de esta nave es la información que contiene sobre
nuestro planeta y nuestra especie. Voyager 1, así como su gemela Voyager 2,
cuenta con un disco de oro en el que se registraron saludos en cincuenta y
cinco idiomas, tanto antiguos como modernos, música de distintos países y
épocas, e imágenes (116 fotografías) que muestran la diversidad (biológica y
geológica) de nuestro pequeño rincón azul.
Para más información, consultad las páginas
siguientes:
Noticia en la página de Radio televisión
española.
Noticia en ABC.es ciencia.
Entradas de Wikipedia correspondientes al disco
y a la sonda, respectivamente.
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