Tras las huellas de Petrarca: Pierre de Ronsard
La metáfora de la caza y de la guerra en la obra de Pierre de Ronsard
La metáfora de la caza y de la guerra en la obra de Pierre de Ronsard
Introducción.
En este estudio se
presentan los motivos de la caza y la guerra como metáforas amorosas
en la obra del poeta renacentista francés Pierre de Ronsard
(1524-1586). Se han analizado, principalmente, aquellos elementos que
pueden ponerse en relación con las composiciones de Petrarca —así
como también con las de otros autores— donde aparecen estos mismos
temas o similares. Es decir que, en detrimento de las diferencias, se
ha prestado una mayor atención a aquellos puntos comunes entre los
dos autores. Para la obra de Ronsard, se han extraído textos que
pertenecen al denominado Premier livre des Amours. Todo el
material utilizado en la redacción de este trabajo se encuentra en
la parte final del mismo, en los apartados Obras consultadas y
Recursos en línea.
La caza y la guerra
como metáforas amorosas.
En el
soneto III de Pierre Ronsard, el poeta ve a su amada, identificada en
primer lugar con Amor, que tensa su arco y le clava en su corazón el
dardo: […] Je veis Amour qui son arc desbandoit, / Et dans mon
cueur le brandon espandoit, […] (v. 2-3). Esta imagen de la
dama, vista como un arquero, es muy habitual en la obra de Ronsard y
se retoma más adelante, en este mismo soneto, donde se la
denominada, directamente, Archer ‘Arquero’ (v. 13). Otros
ejemplos son: Archerot (IV, v. 12), certain Archer
‘Arquero certero’ (CXXVIII, v. 12) o en el soneto LIX, cuando el
poeta es herido por los innumerables dardos lazados (mille traits)
por su dama que alcanzan, de nuevo, su corazón (v. 14). Esta imagen
de la amada como arquero se encuentra ya en Petrarca: I pensier’
son saette, e ‘1 viso un sole, / e ‘1 desir foco: e ‘nseme con
quest’arme / mi punge Amor, m’abbaglia et mi distrugge;
(CXXXIII, v. 9-11). En esta ocasión, la dama se identifica
con “Amor” —o “Amor” se sirve de ella— y la imagen del
arquero estaría implícita en el término saette, es decir,
‘saetas’, una de las armas que ella utiliza para herir al poeta;
Però, al mio parer, non li fu honore / ferir me de saetta in
quelo stato, / a voi armata non mostrar pur l’arco. (III, v.
12-14). Ahora, aparece tanto la flecha que lo hiere, como el arma, es
decir el arco, que emplea la amada para golpearlo. A continuación,
todavía en el soneto III de Ronsard, observamos que la dama, con sus
ojos, lo envuelve —concretamente su alma— en una red de oro (v.
6-8). Muy a menudo, los ojos son los que causan la herida o, como en
este caso, los que atrapan al amado en una suerte de red. Por ejemplo
en el soneto CXLII: […] Il fit son trait de ton oeil brunissant.
[…] Ainsi le trait que ton bel oeil me rue, / D’un mesme coup
me guarist et me tue. […] (v. 4 y 12-13). Mortales son también
los ojos de la dama de Petrarca: […] Da gli occhi vostri uscìo’l
colpo mortale, […] (soneto CXXXIII, v. 5). Un ejemplo muy
ilustrativo es que se ofrece en todo el soneto CVII del Canzoniere.
Este está dedicado exclusivamente a esos ojos de la amada que no
permiten que el poeta pueda escaparse: Non veggio ove scampar mi
possa omai (v. 1); ni le dan tregua —[…] che triegua non à
mai. (v. 4)— a esta guerra: lunga guerra i begli occhi mi
fanno. (v. 2). Es interesante destacar también el segundo
cuarteto del soneto II:
[…]
Era
la mia virtute al cor ristretta
per far ivi
et ne gli
occhi sue difese,
quand’l
colpo
mortal
là giù discese,
ove solea spuntarsi ogni
saetta.
[…]
También otros autores, como los renacentistas
italianos Pietro Bembo o Giovanni della Casa, utilizan la imagen de
los ojos de la dama como los causantes de sus heridas o de su
captura: Son questi quei begli occhi, in
cui mirando / senza difesa far perdei me stesso?
[…] (Bembo, Rime,
XX, v. 1-2). Bembo se siente indefenso ante la mirada de su amada;
[…] ch'è soave il martir, utile il
danno, / gli occhi fian sempre di languir contenti. / Lasso, ché di
tal laccio Amor mi strinse […] (Della
Casa, Rime Extravaganti,
LXIX, v. 7-9). En este caso, el poeta languidece mientras que Amor lo
tiene en su lazo que son los ojos de la dama. Esta red también puede
identificarse con el cabello de la amada: […] un
reth d’or me tendoit, […] si
doux l’or de ses nouds […] et
l’or crespe me lie. (Ronsard, soneto
III, v. 6, 10 y 14). Esta imagen del cabello que envuelve y atrapa al
poeta es muy recurrente también en Petrarca: Tra
le chiome de l’òr nascose il laccio, / al qual mi strinse, Amore;
[…] non vo’ che da tal nodo Amor mi
scioglia. (LIX, v. 4-5 y 17). Aún en
el soneto III de Ronsard, puede apreciarse, claramente, la situación
de indefensión que experimenta el poeta ante su dama: […]
Qu’eussé-je faict? L’Archer estoit
si doux, / Si doux son feu, si doux l’or de ses nouds, / Qu’en
leurs filets encore je m’oublie. […].
En estos versos se hace patente su entrega total a la amada. Esta es
una característica muy propia del sentimiento amoroso expresado por
Petrarca: […] Trovommi Amor del tutto
disarmato, / et aperta la via per gli occhi al core, / che di lagrime
son fatti sucio et varco. […] (soneto
III, v. 9-11). El mismo Ronsard repite este sentimiento en el soneto
LIX, aunque esta vez de manera implícita ya que, ahora, el poeta se
identifica con un corzo. Este no debería temer por su libertad, si
no fuera por los cazadores que lo acechan: De
rets ne d’arc sa liberté n’a crainte / Sinon alors que sa vie
est attainte / D’un trait meurtrier empourpré de son sang.
(v. 9-11). Hay que decir que en este soneto, Ronsard sigue, muy
fielmente, el soneto de otro gran poeta del siglo xvi,
Pietro Bembo (cfr. Rime,
III). El soneto IV de Ronsard, repleto de referencias mitológicas
—tema muy habitual en los poetas
renacentistas—, presenta ciertas
características que nos remiten a la obra petrarquesca. Por ejemplo,
llama a la amada ma guerriere
‘mi guerrera’ (v. 1), algo que ya aparecía en el soneto XXI de
Petrarca: […] o mia dolce guerrera
[…] (v. 1). Otros autores —renacentistas italianos— que
utilizan este término para referirse a su amada son, por ejemplo,
Pietro Bembo: Bella guerriera
mia, […] (Rime,
XXIX, v. 1); o Luigi Tansillo: […] guerriera,
a cui fan campo mille squadre […]
(Poesie amorose per Laura,
CI, v. 5). En este caso, es un canto a los celos (Gelosia)
con los que se identifica a la dama. También es el caso de Giovanni
della Casa con su soneto XXII: […] Ciò
con tutto’l mio cor vo cercand’io / da lei, ch’è sovr’ogni
altra armata e bella, / ma fin qui, lasso me, guerrera
e cruda. […] (v. 9-11). Debe
destacarse también el juego de palabras (v. 1) que hace con el
nombre de su dama y el de la célebre profetisa troyana Casandra.
Este tipo de juegos, aunque más elaborado, es típico también de la
obra de Petrarca. El nombre de su amada, Laura, se esconde en l’aura
‘el viento’, lauro
‘laurel’ o l’auro
‘el oro’. En su soneto CXX, Ronsard nos describe una caza llevada
a cabo por él. Puede observarse cómo el poeta va tras su amada en
un viaje que, a la manera de Petrarca, podríamos definir como
errático:
Ronsard CXX
|
Petrarca VI
|
Franc de
raison, esclave de fureur,
Je vay
chassant
une fere sauvage,
Or’ sur
un mont, or’ le long d’un rivage,
Or’ dans
le bois de jeunesse et d’erreur.
[…]
(v.
1-4)
|
Sì
travïato è ‘l
folle mi’ desio
a
seguitar
costei che in fuga
è volta,
et
de’ lacci d’Amor leggiera et sciolta
vola
dinanzi al lento correr mio,
[…]
(v. 1-4)
|
Otro paralelismo entre
estos dos sonetos —relacionado también con esta senda errática
que han tomado los dos— es el hecho de que ambos corren tras sus
respectivas amadas, y sin embargo, cuanto más corren, más les
cuesta alcanzarlas: […] Mais eux voyans, que plus elle est
chassee, / Plus elle fuit d’une course eslancee, […]
(Ronsard, v. 9-10). Así como:
[…]
che
quanto richiamando più
l’envio
per
la secura strada, men
m’ascolta:
né
mi vale spronarlo, o dargli volta,
ch’Amor
per sua natura il fa
restio.
[…]
(Petrarca, v. 5-8)
En este caso, lo que ocurre es que el
poeta es incapaz de guiar su deseo, su pasión, identificados con un
caballo, lo que produce la imposibilidad de llegar a su amada. De
cierta manera, podríamos decir que se traiciona a sí mismo, lo
mismo que le pasa a Ronsard en el v. 11 de este mismo soneto CXX: […]
Quittent leur proye : et retournent vers moy […] El autor
francés se refiere aquí a sus perros en los que subyace su deseo y
su pasión. Más ejemplos, en Petrarca, de cacerías impulsadas por
el amor son las que aparecen en las canciones XXIII y L del
Canzoniere:
| XXIII, v. 147-160. | L, v. 39-42. |
[…]
I’ seguì’
tanto avanti il mio desire,
ch’un dì,
cacciando,
sì com’io solea,
mi mossi; e
quella fera bella
et cruda
in una fonte
ignuda 150
si stava, quando’l sol più forte
ardea.
Io, perché
d’altra vista non m’appago,
stetti a
mirarla, ond’ella ebbe vergogna;
et, per fame
vendetta, o per celarse,
l’acqua nel
viso co le man mi sparse. 155 Vero dirò (forse e’
parrà menzogna)
ch’i’
sentì’ trarmi de la propria imago,
et in
un cervo solitario et vago
di selva
ratto mi transformo;
et anchor de’
miei can’ fuggo lo stormo. 160
[…]
|
[…]
Ahí, crudo
Amor,
ma tu allor più m’informe
a seguir
d’una fera che
mi strugge
la voce e i
passi et l’orme,
et lei non
stringi che s’appiatta et fugge.
[…] |
En el primer fragmento
(XXIII), se dice que, concretamente, es el deseo quien empuja al
enamorado a ir tras “la presa”. El término con que Petrarca
denomina a su amada —fera (v. 149)—, en las dos canciones,
es el mismo que emplea Ronsard en su soneto CXX (vid. supra).
Debe destacarse también otro ejemplo de la indefensión que sufre
ante su dama, representada aquí en la recreación del mito de
Acteón, cazador que fue transformado en ciervo —hemos visto cómo
Ronsard se identificaba con un corzo (vid. LIX)— por Diana,
cuando este la descubre bañándose desnuda en un manantial. Una
metáfora guerrera distinta a las que hemos visto hasta el momento es
la que nos ofrece Ronsard en su soneto LVIII. En él se describe un
asedio llevado a cabo por Amor, es decir por la amada, denominado, de
nuevo, guerrier ‘guerrero’ (v. 7) que expugna “la
fortaleza” y toma su corazón gracias a la traición de los
pensamientos del poeta (v. 13-14). Este es un motivo que ya
advertíamos en otras composiciones (vid. supra). No obstante,
en esta ocasión, la traición propicia el enamoramiento.
Conclusiones.
A modo de conclusión,
cabe decir que la obra de Ronsard pone de manifiesto, claramente, sus
precedentes petrarquescos y cómo estos representan una importante
fuente de inspiración para las composiciones del autor francés. Sin
embargo, no debe desdeñarse la aportación de otros autores
italianos posteriores a Petrarca. Más arriba, se han destacado ya la
gran cantidad de paralelismos —motivos, imágenes— que pueden
encontrarse entre la poesía de Ronsard y la de sus contemporáneos.
Valdría la pena volver a mencionar el soneto LIX de Ronsard ya que
si lo comparamos con el soneto III del italiano Pietro Bembo,
advertiremos un número tan elevado de analogías que dudaremos de si
se trata de una traducción. Por último, hay que resaltar la que,
quizás, es la diferencia más notable entre Petrarca y Ronsard. En
definitiva, se trata de las referencias mitológicas que son mucho
más abundantes en el poeta renacentista que en su predecesor.
Obras consultadas.
PETRARCA, Francesco,
Canzoniere (ed. de Armando Curcio, intr. y notas de Alberto
Chiari), Roma, Oscar Mondadori, 1994 (5.ª reimpr.) [1985].
——, Cancionero
(trad. de Enrique Garcés, intr. y notas de Antonio Prieto),
Barcelona, Planeta, 19862 [1985].
DE RONSARD, Pierre, Œuvres
complètes (ed., pres. y notas de Jean Céard, Daniel Ménager y
Michel Simonin), Paris, Gallimard, 1993 [2 vol.]. (Bibliothèque de
la Pléiade).
Recursos en línea.
Biblioteca italiana.
http://www.bibliotecaitaliana.it/













