Este libro
es la segunda edición, ampliada y actualizada, de una obra anterior
de M. Ángel Pérez Priego, catedrático de literatura española de
la UNED. Tal y como indica su nombre, el tema central sobre el que
versa este libro es la edición de textos. Su trabajo se centra en el
estudio literario y la edición de textos españoles medievales, así
como también del Siglo de Oro.
La obra
está dividida esencialmente en tres partes, de las cuales las dos
primeras formarían el grueso de la misma. La primera de estas
comprende desde el capítulo 1 al capítulo 3 (pp. 15-100). En ella
se nos exponen, básicamente, cuestiones relacionadas con la historia
de la disciplina y del material que le sirve de estudio, a saber, los
manuscritos e impresos. El primer capítulo (Historia y métodos
pp. 15-45) —tal vez el más arduo— nos presenta un recorrido
histórico a través de las distintas épocas que se han interesado
por la edición de los textos. El autor parte, esencialmente, de la
tradición humanística que ha dado nombres como Lorenzo Valla
(1407-1457) quien, a partir del análisis detallado —hoy en día
podríamos decir filológico—, consiguió desvelar la falsedad del
Constitutum Constantini (1).
A continuación da un salto al siglo XIX, donde podemos fijar el
punto de inflexión entre lo que se hacía hasta entonces y lo que
será el proceso, a partir de las teorías desarrolladas por Lachmann
y Bédier, de la edición de un texto. En palabras del propio autor
observamos que el humanismo definió “un método cada vez más
riguroso de reconstrucción de textos que, basado sustancialmente en
la técnica de clasificación y ordenación de manuscritos, se ha ido
aplicando no ya sólo a los textos grecolatinos, sino a otros campos
muy diversos del pasado cultural.” (p. 25), mientras que con la
teoría lachmanniana, cuya premisa última es la de encontrar lo que
se denominará un arquetipo —es decir el manuscrito más
próximo al original a partir de la colación y confrontación de
todos los testimonios (2)—,
se produce una renovación profunda del método de reconstrucción de
textos. Después de un tiempo y con la aportación de novedades por
parte de otros autores, esta teoría llega a Francia donde un joven
Joseph Bédier, partidario en un principio de la misma, la
contestará. Él preconizaba la elección del “bon manuscrit”. A
partir de aquí se abre todo un abanico de distintas prácticas,
usadas por unas u otras escuelas, a la hora de editar un texto. Pérez
Priego concluye este capítulo con un breve pero intenso punto donde
repasa la gran repercusión que han tenido las nuevas tecnologías en
el ámbito de la filología, así como todas las ventajas que estas
han aportado. Personalmente, me resulta interesante el elenco que
hace el autor de las distintas bibliotecas que se pueden encontrar en
la red (p. 44). Los capítulos 2 (El proceso de transmisión de
los textos, pp. 47-76) y 3 (Historia de la tradición:
tradición manuscrita y tradición impresa, pp. 77-100) son
complementarios y podrían intercambiar el orden. El primero de estos
trata, esencialmente, sobre todos los tipos de errores que nos
podemos encontrar en el momento de enfrentarnos a un texto. En un
principio, se plantea el hecho de que nos han sido legados, en
general, una serie de copias o testimonios que descienden de un
original (apógrafos) o de otras copias (antígrafos). A
continuación, el autor analiza, una por una, las distintas
tipologías de error: desde las llamadas causas externas, a saber, la
aptitud del copista, la calidad de la copia (o el material con el que
esta se lleva a cabo) o las condiciones en las que se desarrolla la
copia (generalmente no muy buenas puesto que esta era una tarea que
precisaba de un gran esfuerzo), hasta las internas como podrían ser
por ejemplo la confusión de abreviaturas o grafías, así como los
errores de omisión, adición, alteración o sustitución de
palabras. A este respecto y como resumen de la función que
desempeñan los errores en la edición de textos, considero adecuado
citar aquí lo que Pérez Priego dice en la página 54, “La labor
del filólogo será naturalmente detectarlos y eliminarlos. Pero
también le servirán para establecer la filiación de los
testimonios y le guiarán por las distintas ramas o grupos
textuales”. Con el segundo de estos dos capítulos, nos encontramos
frente a una exposición de las diferentes tradiciones con las que se
han perpetuado las obras, es decir, la tradición manuscrita (en
soporte de pergamino o papel) y la impresa. Esta última la
encontramos a partir del siglo XV y puesto que su difusión era mucho
mayor que la manuscrita —cuando se imprimía, no se hacía una sola
copia—, disponemos de más testimonios para cotejar y estudiar. La
segunda parte nos ofrece, en primer lugar, un breve capítulo (4
Distintos tipos de edición, pp. 101-114) en el que se
enumeran los distintos tipos de edición textual. Hace un apunte
escueto sobre las ediciones facsímiles y diplomáticas, para
terminar con la edición crítica. Esta acaparará, en el capitulo
que nos atañe, casi todo el interés del autor quien ofrecerá, en
los capítulos restantes, un análisis más detallado de la misma.
Por lo que respecta a las primeras, Pérez Priego alude al gran
avance que estas han experimentado con el advenimiento de las nuevas
tecnologías —muy especialmente con las fotografías y las
digitalizaciones— (3);
en cuanto a las segundas, el autor diferencia entre la edición de un
testimonio único y la de varios testimonios. A simple vista, la
primera puede parecer más sencilla, pero se complica porque, en este
caso, no hay lugar para la collatio ni la selectio,
“las operaciones que [...] se perciben más fecundas y
prometedoras” (p. 105). Si bien no hay otros testimonios directos
de la misma obra, sí que se puede confrontar esta con testimonios
indirectos. Esto es lo que ocurre con las obras épicas que pueden
analizarse a partir de las prosificaciones cronísticas y los propios
hechos lingüísticos (p. 107) (4).
Tal y como se ha dicho anteriormente, los últimos capítulos ofrecen
una visión más detallada de todo cuanto se ha expuesto hasta el
momento. Asimismo, pueden tomarse como un manual dentro del manual ya
que dan las pautas que tiene que seguir el filólogo a la hora de
poner en práctica sus conocimientos para elaborar una edición de
texto. En el capítulo 5 (La edición crítica: la recensio,
pp. 115-141) se plantea la problemática —y dificultades— de la
creación del stemma, después de llevar a cabo la tarea de la
recensio. Con los capítulos 6 (La edición crítica: la
constitutio textus, pp. 143-152) y 7 (La edición crítica: la
dispositio textus, pp. 153-179) se pasa a la intervención en el
texto con el fin de desarrollar así la forma que proporcione la
lectura más óptima del mismo. El proceso para lograr este objetivo
es el de la selección de variantes (selectio), con la
posterior enmienda de los distintos errores (emendatio). A
continuación, se procede al establecimiento del texto definitivo,
donde se tendrá en cuenta la lengua: la gramática, grafía —el
autor da una serie de consejos a la hora de establecer una
regularización de esta (pp. 159-165)— y finalmente la puntuación.
La opinión personal del profesor Pérez Priego respecto a cuál es
el límite a la hora de intervenir en un texto es la siguiente:
“Entendemos que debería conservar mayoritariamente sus grafemas,
unificando sólo aquellos que no tienen valor fonológico ni son
portadores de ningún valor connotativo” (p. 173) (5).
El último capítulo (8 Aparato crítico y anotación del texto,
pp. 181-204) versa sobre cuestiones que podríamos entender como
secundarias, pero que proporcionan una información nada desdeñable
a la lectura de la edición que se presenta. Esta está constituida
por el aparato crítico —en caso de contar con distintos
testimonios— que permite al lector una confrontación entre el
texto base escogido por el editor y las variantes del mismo, y por
notas de todo tipo, ya sean lingüísticas, literarias o culturales.
La tercera y última parte del libro es un breve glosario (pp.
205-210) donde se definen los conceptos, tal vez más complejos, que
han ido apareciendo a lo largo de la obra.
A modo de
conclusión, cabe señalar que esta es una obra de lectura amena que
ofrece, además, numerosos ejemplos de todo aquello que se expone en
el discurso, con lo que así facilita aún más la comprensión del
mismo. Debe decirse también que la mayoría de esos ejemplos, como
no podría ser de otra manera, pertenecen al ámbito hispánico.
(1) Documento en el que se apoyaron los papas durante toda la Edad Media
para legitimar su poder, y así intervenir, sobre los otros señores
y soberanos.
(2) Sin duda, la aportación más significativa de esta teoría a la
filología es el proceso inicial de la recensio, antes de la
edición propiamente dicha.
(3) Esto remitiría directamente a lo expuesto en el último punto del
primer capítulo (vid. supra).
(4) Ciertamente, este mismo procedimiento ya se practica en crítica
literaria y en estudios de intertextualidad.
(5) Discurso que comparto sin objeción alguna.
