domingo, 3 de noviembre de 2013

Reseña del libro "La edición de textos"

PÉREZ PRIEGO, Miguel Ángel (20112 [1997]): La Edición de textos. Madrid: Síntesis, 277 pp.

Este libro es la segunda edición, ampliada y actualizada, de una obra anterior de M. Ángel Pérez Priego, catedrático de literatura española de la UNED. Tal y como indica su nombre, el tema central sobre el que versa este libro es la edición de textos. Su trabajo se centra en el estudio literario y la edición de textos españoles medievales, así como también del Siglo de Oro.
La obra está dividida esencialmente en tres partes, de las cuales las dos primeras formarían el grueso de la misma. La primera de estas comprende desde el capítulo 1 al capítulo 3 (pp. 15-100). En ella se nos exponen, básicamente, cuestiones relacionadas con la historia de la disciplina y del material que le sirve de estudio, a saber, los manuscritos e impresos. El primer capítulo (Historia y métodos pp. 15-45) —tal vez el más arduo— nos presenta un recorrido histórico a través de las distintas épocas que se han interesado por la edición de los textos. El autor parte, esencialmente, de la tradición humanística que ha dado nombres como Lorenzo Valla (1407-1457) quien, a partir del análisis detallado —hoy en día podríamos decir filológico—, consiguió desvelar la falsedad del Constitutum Constantini (1). A continuación da un salto al siglo XIX, donde podemos fijar el punto de inflexión entre lo que se hacía hasta entonces y lo que será el proceso, a partir de las teorías desarrolladas por Lachmann y Bédier, de la edición de un texto. En palabras del propio autor observamos que el humanismo definió “un método cada vez más riguroso de reconstrucción de textos que, basado sustancialmente en la técnica de clasificación y ordenación de manuscritos, se ha ido aplicando no ya sólo a los textos grecolatinos, sino a otros campos muy diversos del pasado cultural.” (p. 25), mientras que con la teoría lachmanniana, cuya premisa última es la de encontrar lo que se denominará un arquetipo —es decir el manuscrito más próximo al original a partir de la colación y confrontación de todos los testimonios (2)—, se produce una renovación profunda del método de reconstrucción de textos. Después de un tiempo y con la aportación de novedades por parte de otros autores, esta teoría llega a Francia donde un joven Joseph Bédier, partidario en un principio de la misma, la contestará. Él preconizaba la elección del “bon manuscrit”. A partir de aquí se abre todo un abanico de distintas prácticas, usadas por unas u otras escuelas, a la hora de editar un texto. Pérez Priego concluye este capítulo con un breve pero intenso punto donde repasa la gran repercusión que han tenido las nuevas tecnologías en el ámbito de la filología, así como todas las ventajas que estas han aportado. Personalmente, me resulta interesante el elenco que hace el autor de las distintas bibliotecas que se pueden encontrar en la red (p. 44). Los capítulos 2 (El proceso de transmisión de los textos, pp. 47-76) y 3 (Historia de la tradición: tradición manuscrita y tradición impresa, pp. 77-100) son complementarios y podrían intercambiar el orden. El primero de estos trata, esencialmente, sobre todos los tipos de errores que nos podemos encontrar en el momento de enfrentarnos a un texto. En un principio, se plantea el hecho de que nos han sido legados, en general, una serie de copias o testimonios que descienden de un original (apógrafos) o de otras copias (antígrafos). A continuación, el autor analiza, una por una, las distintas tipologías de error: desde las llamadas causas externas, a saber, la aptitud del copista, la calidad de la copia (o el material con el que esta se lleva a cabo) o las condiciones en las que se desarrolla la copia (generalmente no muy buenas puesto que esta era una tarea que precisaba de un gran esfuerzo), hasta las internas como podrían ser por ejemplo la confusión de abreviaturas o grafías, así como los errores de omisión, adición, alteración o sustitución de palabras. A este respecto y como resumen de la función que desempeñan los errores en la edición de textos, considero adecuado citar aquí lo que Pérez Priego dice en la página 54, “La labor del filólogo será naturalmente detectarlos y eliminarlos. Pero también le servirán para establecer la filiación de los testimonios y le guiarán por las distintas ramas o grupos textuales”. Con el segundo de estos dos capítulos, nos encontramos frente a una exposición de las diferentes tradiciones con las que se han perpetuado las obras, es decir, la tradición manuscrita (en soporte de pergamino o papel) y la impresa. Esta última la encontramos a partir del siglo XV y puesto que su difusión era mucho mayor que la manuscrita —cuando se imprimía, no se hacía una sola copia—, disponemos de más testimonios para cotejar y estudiar. La segunda parte nos ofrece, en primer lugar, un breve capítulo (4 Distintos tipos de edición, pp. 101-114) en el que se enumeran los distintos tipos de edición textual. Hace un apunte escueto sobre las ediciones facsímiles y diplomáticas, para terminar con la edición crítica. Esta acaparará, en el capitulo que nos atañe, casi todo el interés del autor quien ofrecerá, en los capítulos restantes, un análisis más detallado de la misma. Por lo que respecta a las primeras, Pérez Priego alude al gran avance que estas han experimentado con el advenimiento de las nuevas tecnologías —muy especialmente con las fotografías y las digitalizaciones— (3); en cuanto a las segundas, el autor diferencia entre la edición de un testimonio único y la de varios testimonios. A simple vista, la primera puede parecer más sencilla, pero se complica porque, en este caso, no hay lugar para la collatio ni la selectio, “las operaciones que [...] se perciben más fecundas y prometedoras” (p. 105). Si bien no hay otros testimonios directos de la misma obra, sí que se puede confrontar esta con testimonios indirectos. Esto es lo que ocurre con las obras épicas que pueden analizarse a partir de las prosificaciones cronísticas y los propios hechos lingüísticos (p. 107) (4). Tal y como se ha dicho anteriormente, los últimos capítulos ofrecen una visión más detallada de todo cuanto se ha expuesto hasta el momento. Asimismo, pueden tomarse como un manual dentro del manual ya que dan las pautas que tiene que seguir el filólogo a la hora de poner en práctica sus conocimientos para elaborar una edición de texto. En el capítulo 5 (La edición crítica: la recensio, pp. 115-141) se plantea la problemática —y dificultades— de la creación del stemma, después de llevar a cabo la tarea de la recensio. Con los capítulos 6 (La edición crítica: la constitutio textus, pp. 143-152) y 7 (La edición crítica: la dispositio textus, pp. 153-179) se pasa a la intervención en el texto con el fin de desarrollar así la forma que proporcione la lectura más óptima del mismo. El proceso para lograr este objetivo es el de la selección de variantes (selectio), con la posterior enmienda de los distintos errores (emendatio). A continuación, se procede al establecimiento del texto definitivo, donde se tendrá en cuenta la lengua: la gramática, grafía —el autor da una serie de consejos a la hora de establecer una regularización de esta (pp. 159-165)— y finalmente la puntuación. La opinión personal del profesor Pérez Priego respecto a cuál es el límite a la hora de intervenir en un texto es la siguiente: “Entendemos que debería conservar mayoritariamente sus grafemas, unificando sólo aquellos que no tienen valor fonológico ni son portadores de ningún valor connotativo” (p. 173) (5). El último capítulo (8 Aparato crítico y anotación del texto, pp. 181-204) versa sobre cuestiones que podríamos entender como secundarias, pero que proporcionan una información nada desdeñable a la lectura de la edición que se presenta. Esta está constituida por el aparato crítico —en caso de contar con distintos testimonios— que permite al lector una confrontación entre el texto base escogido por el editor y las variantes del mismo, y por notas de todo tipo, ya sean lingüísticas, literarias o culturales. La tercera y última parte del libro es un breve glosario (pp. 205-210) donde se definen los conceptos, tal vez más complejos, que han ido apareciendo a lo largo de la obra.
A modo de conclusión, cabe señalar que esta es una obra de lectura amena que ofrece, además, numerosos ejemplos de todo aquello que se expone en el discurso, con lo que así facilita aún más la comprensión del mismo. Debe decirse también que la mayoría de esos ejemplos, como no podría ser de otra manera, pertenecen al ámbito hispánico.

(1) Documento en el que se apoyaron los papas durante toda la Edad Media para legitimar su poder, y así intervenir, sobre los otros señores y soberanos.
(2) Sin duda, la aportación más significativa de esta teoría a la filología es el proceso inicial de la recensio, antes de la edición propiamente dicha.
(3) Esto remitiría directamente a lo expuesto en el último punto del primer capítulo (vid. supra).
(4) Ciertamente, este mismo procedimiento ya se practica en crítica literaria y en estudios de intertextualidad.
(5) Discurso que comparto sin objeción alguna.

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