viernes, 13 de septiembre de 2013

Reseña del libro "La fragmentación lingüística de la Romania" de Walther von Wartburg.


WARTBURG, Walther von (19712): La fragmentación lingüística de la Romania (versión española del original alemán Die Ausgliederung der romanischen Sprachräume). Madrid: Gredos, 208 pp. (Biblioteca románica hispánica. Tratados y monografías, 1). 

  
Este libro es uno de los muchos trabajos de una de las personalidades más destacadas de la romanística, el suizo Walther von Wartburg, impulsor y director del diccionario etimológico de referencia para el ámbito galorrománico, el Französisches Etymologisches Wörterbuch (FEW, 1928-2003). De hecho, esta edición española se basa en la versión francesa que hizo el mismo autor en 1967, a la cual se añadieron nuevos datos sobre el franco-provenzal (p. 8) (1)
La presente obra se divide en tres capítulos, sin contar la introducción (pp. 9-12) y las conclusiones (pp. 189-193). Sin embargo, y a medida que se va leyendo, uno se da cuenta de que, esencialmente, este libro consta de dos partes bien diferenciadas: en la primera se incluirían los capítulos II y III, Diferenciaciones regionales antiguas dentro del espacio lingüístico latino (pp. 13-28) y La fragmentación de la unidad latina (pp. 29-76) respectivamente, mientras que la segunda correspondería al capítulo IV, La huella de la invasión germánica (pp. 77-188). La reseña se ha realizado siguiendo esta bipartición.
Los capítulos II y III (vid. supra) tratan la diferenciación del latín a partir de la acción del sustrato (2) y de la diversidad diastrática de la lengua. En cuanto al primero de estos aspectos, hay que decir que es el más extenso de los dos. Este abarca desde fenómenos muy limitados geográficamente, como por ejemplo la articulación cacuminal de -LL- en la Italia meridional (pp. 13-14), o la famosa aspiración de las oclusivas sordas en la Toscana —hecho que se debe, seguramente, al sustrato etrusco— (pp. 14-16), pasando por otra aspiración, la de f- en la zona de frontera con el dominio vasco (pp. 17-21), hasta fenómenos de más envergadura, como la evolución del grupo consonántico -CT- (pp. 45-47) o la palatalización de Ū > [y] en la Galia, la Italia septentrional y parte de la Retia (pp. 47-63). Este último es un caso de gran complejidad, tanto en lo que respecta a su origen y evolución, como a su extensión. Los conceptos que se presentan en la página 47 tienen como objetivo el rebatir la teoría sobre la remota antigüedad de este fenómeno y su origen galo (3). Los argumentos del profesor Wartburg son los siguientes: a partir de un franco-oriental meveür (< MATŪRU), tenemos que deducir un grado intermedio *MEVUR, con v antihiática, a consecuencia de la caída de -t-, para la que solo hay una explicación posible y es la pronunciación labiovelar de u; el impedimento de la palatalización de ū ante nasal, hecho que se encuentra, esporádicamente, en casi todo el dominio galorrománico. Tal y como demuestra la toponimia de la región: derivados de DŪNUM, Averdon < EBURODŪNUM o Brancion < BRACEDŪNUM (p. 50) (4); esta palatalización se habría originado en la Galia y, posteriormente, se exportó a otras regiones, como la Italia septentrional (p. 54). Es decir, que la cronología de este cambio no es la misma para todos los territorios que comparten este fonema (5). Respecto al segundo de los aspectos mencionados al inicio del párrafo, cabe destacar que se limita, básicamente, a las páginas 29-41. Aquí se da respuesta a la cuestión de la pérdida de -s en la Romania oriental y la conservación de la misma en el Occidente románico. Según el autor, esto se debe a una pronunciación, ya fechada en época arcaica, que se mantuvo en las clases más bajas de la sociedad romana, como por ejemplo las del mundo rural. Mientras tanto, y bajo la presión de la escuela, las clases más altas reincorporaron esta s en posición final y la exportaron a las nuevas regiones conquistadas por Roma (6). Wartburg difiere con la teoría, expuesta por Mohl, de que el mantenimiento de -s se debe al influjo galo, dado que las lenguas célticas —y por tanto, también el galo— habían perdido esta consonante final en el siglo VI (p. 32). Es interesante la explicación que da sobre los plurales en las lenguas de la Romania oriental (pp. 30-31) ya que, hoy día, aún es motivo de debate en el seno de la romanística. Para nuestro autor, estos plurales son los herederos del antiguo nominativo plural latino (LUPI > lupi, CAPRAE > capre), formas que se tomaron después de que el acusativo singular y el plural se confundiesen, como consecuencia de la pérdida de s final. No obstante, ciertos estudiosos creen ver una antigua diptongación, y posterior monoptongación (7), es decir que los plurales orientales serían herederos directos de las terminaciones latinas -OS y -AS. Todas estas cuestiones se retoman en el punto 4 del capítulo III (pp. 73-76), el cual sirve como síntesis de lo que se ha tratado anteriormente.
El capítulo IV (vid. supra) es el más extenso de todos. Empieza con dos temas de historia externa de la lengua: en primer lugar, trata las invasiones germánicas de los siglos III-V y sus consecuencias (pp. 77-87), sobre todo en la división entre el latín de las Galias y el de la Retia, que, según el autor, habría formado un continuum que se rompió a raíz de estas incursiones (pp. 78, 81 y 84). Es muy ilustrativo el mapa que aparece en la página 86, donde vemos el progresivo avance, en lo que hoy día es Suiza, de las tribus alamanas, desde finales del siglo III hasta la plena Edad Media; en segundo lugar, se hace un resumen de las características que permiten trazar una línea divisoria entre el norte y el sur de la Galia (pp. 99-101), antes de abordar, más a fondo, la cuestión del franco-provenzal (vid. supra, nota 1). Ciertamente, el tema de las hablas de este rincón de la Galia, que Ascoli denominó franco-provenzal, tiene mucha importancia en el conjunto del trabajo y deja vislumbrar el tono que adquirirá este en las páginas sucesivas, a saber, gran cantidad de palabras como ejemplos de cuestiones expuestas anteriormente (pp. 109-127 y 152-176). Después de hacer un breve resumen de los rasgos diferenciadores entre el franco-provenzal y sus vecinos (occitano y francés), el autor da un repaso a las palabras tomadas al germánico por las lenguas galorrománicas y la extensión que estas han tenido. Según él, estas se pueden dividir en cuatro grupos: I. Las palabras que únicamente se encuentran en el territorio del antiguo reino borgoñón; II. Aquellas que viven en occitano, prestadas, seguramente, por el gótico; III. Las palabras que comparten el franco-provenzal y el francés; IV. Finalmente, aquellas que se registran en los tres dominios (pp. 108-109). Se centra, esencialmente, en cuestiones de vocalismo, aunque al final (Consideración de conjunto, pp. 131-140) también trata algún fenómeno relacionado con el consonantismo, como la presencia de h-, que se limita al norte de la Galia. Es interesante la situación de bilingüismo (latín o romance-germánico) que tuvo lugar entre los siglos V-IX (pp. 133-134) y que recuerda a la que existía, antiguamente, entre el latín y el galo. No obstante, esta tuvo mayor repercusión que aquella en la evolución interna de las hablas románicas de la zona, especialmente en el francés. Como ya se ha apuntado más arriba, el método empleado en la redacción de este tema se repite en el siguiente (3. La división de Italia, pp. 148-182). En esta ocasión, también se tiene en cuenta otra gran división, la de la península itálica, y como pasaba con la Galia, aquí también hay una separación norte-sur (p. 148) (8). El autor vuelve a hacer hincapié en el vocalismo, centrándose en la diptongación y en cómo esta se ha producido en sílaba libre, pero no en sílaba trabada, hecho que debe ponerse en relación con el francés. Este rasgo, de extensión desigual, va unido a la expansión de los longobardos por Italia. Su asentamiento fue especialmente intenso en el norte, pero se diluyó en las regiones del Mezzogiorno (pp. 177-182) (9). Se puede observar que, al igual que en la Galia septentrional, en la alta Italia Ĕ y Ŏ diptongaron en sílaba libre (10). Este rasgo fonético alcanza incluso la Toscana (pp. 150-152 y 154-158) y se pierde ya en la Romaña (p. 160). El caso de Ē y Ō es bastante similar al anterior; sin embargo, es difícil de localizar porque las huellas de la antigua diptongación son más escasas (pp. 162-166). La antigüedad de este fenómeno está confirmada por la presencia de ei o ai en las variedades galo-italianas de Sicilia, donde encontramos formas del tipo avair, saira o peira (11). En los dos últimos puntos (4. El retorrománico, pp. 182-186 y 5. Breve consideración del dalmático y del iberorrománico, pp. 186-188), Wartburg realiza un breve repaso al vocalismo y, concretamente, a los diptongos en las hablas retorrománicas, en dálmata y en las lenguas de Hispania. En el primer caso, la diptongación, o la ausencia de la misma, está condicionada, otra vez, por la sílaba, es decir que nos encontramos, nuevamente, con la influencia germánica (p. 185). En efecto, la región de la Retia tuvo, desde muy antiguo, un estrecho contacto con los germanos (alamánicos y bávaros). En cuanto al segundo, se observa que nada tiene que ver con lo desarrollado anteriormente, por ejemplo: la diptongación del dálmata (Veglia) es muy intensa (12), pero no puede relacionarse con el elemento germánico. Al final del libro, encontramos un anexo de diecisiete mapas desplegables, a los cuales se va haciendo referencia a lo largo de la lectura y que, en muchas ocasiones, resultan ser un instrumento de gran ayuda para una mayor comprensión del texto.
Se podría decir que la valoración general de la obra es positiva. Hay que tener presente que nos encontramos delante de uno de los clásicos de la romanística y, a pesar de los años que nos separan, muchos de los aspectos aquí tratados son de candente actualidad en los trabajos que realizan los estudiosos modernos. Quizá puede resultar un tanto compleja como obra de simple lectura, dada la enorme cantidad de información que proporciona. En cambio, es muy útil para un estudio, a fondo, de la misma o para futuros trabajos que pudiesen derivarse de ella.

(1) Corresponde al segundo punto del capítulo IV de nuestra obra (El franco-provenzal pp. 102-131).
(2) También podríamos hablar de adstrato, ya que en muchos lugares, y durante mucho tiempo, hubo bilingüismo entre el latín y las lenguas nativas (por ejemplo: galo-latín o etrusco-latín).
(3) A pesar de todo, parece que, finalmente, el autor se muestra partidario de este origen (pp. 54-55 y 61). Ello confirma lo complejo de esta cuestión.
(4) Un caso distinto es, por ejemplo, el de UNDECIM ya que la Ū se acortó tempranamente tanto en galorrománico, como en iberorrománico > pt., cat. y fr. onze, cast. once, frente a it. undici o a. eng. [yndəʃ] (p. 52).
(5) El autor dedica un párrafo a la situación de [y] en el dominio retorrománico (pp. 60-61). La presencia de esta palatal en la región es antigua y quizá se deba al influjo lombardo o alemán.
(6) También la otra pronunciación fue exportada. Concretamente, a la Dacia (107 d. C.), repoblada, en su gran mayoría, por veteranos de guerra y gente procedente del campo italiano.
(7) Conservación del diptongo en algún caso: TRES > trei (rum.).
(8) A parte de las numerosas divisiones internas en toda la península.
(9) Lo mismo que pasa con el asentamiento franco en la Galia.
(10) Hay casos de reducciones posteriores.
(11) De nuevo, hay que hablar de una correspondencia entre los dialectos del norte de Italia y el francés.
(12) Los dialectos serbocroatas de Dalmacia revelan condiciones muy similares (p. 187).


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